Pirulo, reinventando la salsa con autenticidad

Es difícil que se produzcan cambios radicales en un género como la salsa, no tanto en sus contenidos (el término salsa engloba una gran diversidad de ritmos dispares) sino en sus formas. Pero la irrupción en el mercado de Pirulo y La Tribu ha trastocado los cánones al uso de los grupos y orquestas salseras. Pelo rasta, ropa informal, tatuajes, gorras de porte urbano… la imagen de los nuevos valores de la salsa ya no pasan por la extremada elegancia de trajes y estilos -quizás anclados en el pasado-, siguiendo un estereotipo que el puertorriqeño Pirulo ha echado a rodar por “La calle linda de la salsa”.

Si hay un termino que defina el carisma y los andares musicales del puertorriqueño Francisco “Pirulo” Rosado Rosario es el de auténtico. Real como la calle, vivo como la esquina y desafiante como una noche de barrio. Nadie puede escuchar su música sin moverse, bailando desde la primera vez en la primera nota, contagiado por un pegajoso ritmo que va del songo al jazz, aderazado con rap urbano y la salsa puertorriqueña más callejera. Armado con su timbal, sin brillos por el colorido del instrumento tuneado, y soneando ante el micrófono mientras dirige La Tribu, su banda, Pirulo llena escenarios y comienza a destacarse como uno de los platos fuertes del futuro de la salsa en el mundo. Porque los viejos se van, nos dejan, y a los jóvenes hay que meterlos en esto hablando su mismo idioma. Eso hace él.

La historia de calle de Pirulo le viene de pequeño. Como de leyenda o cuento. Su niñez y juventud no fue precisamente una vivencia deseable. Su padre, adicto a la heroína, falleció joven. También su madre murió temprano porque había sido contagiada por su marido con el maldito virus HIV. Esa adversidad marcó un destino claro en la vida de este músico nacido en el Embalse San José, formado en el Berklee College of Music de Boston, excelente percusionista que arrancó su experiencia musical en la Escuela Libre de Música de San Juan de Puerto Rico donde entró para estudiar oboe y bajo.

Francisco Rosado tiene un mensaje claro que dar a la juventud. Pirulo habla de la calle, de la vida y del amor. Emplea las mismas palabras que los chicos y chicas de los barrios de cualquier ciudad latinoamericana, pero también extiende su mensaje a los que vivieron el ayer porque fusiona lo urbano de mañana por la mañana con la pasión de la música de Celia Cruz, Ismael Rivera o Héctor Lavoe. Como bien refleja su biografía, Pirulo es “lo nuevo de lo viejo”. El personaje de moda que está reinventando la salsa con autenticidad.

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