Cuba está en la dieta musical de Nueva York

Rafael Lam, La Habana

El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo en visita a La Habana en abril último declaró que la ciudad de Nueva York no va a fundar una nueva relación con Cuba, simplemente reavivar unas relaciones culturales que siempre existieron desde hace muchos años.

En el siglo XIX, músicos cubanos visitaban Nueva York y, como escribió Cristóbal Díaz Ayala, la música cubana se mantuvo durante años en la dieta de los oyentes de Nueva York.
Un músico de la Isla nacido en 1863 llamado Manuel Pérez se convirtió en una verdadera leyenda del jazz, entre 1890 y 1898 tocó en distintas bandas hasta que formó la suya propia, que tuvo por nombre Imperial Band. Más tarde visitó Chicago y Nueva York y regresó a Nueva Orleans a principios del siglo XX.

Cubanos que se instalaron en Nueva Orleans fueron Paul Domínguez, Florencio Ramos, Peolops Núñez, Willie Marrero, Alcides Núñez y Jimmy Palau, quien tocó en la banda de Buddy Bolden.

Otros cubanos que formaron orquestas en Nueva York fueron Nilo Menéndez, el violinista Alberto Iznaga, Luis del Campo, José Curbelo, René Touzet y Anselmo Sacasas.

En la década de 1920, en pleno boom del Son, comienzan a visitar Nueva York muchos sextetos y grupos de la mayor de las Antillas con el objetivo de tocar en teatros, salones y grabar el Son cubano. Una oleada de músicos cubanos llegó a esa urbe en los intermedios de las guerras mundiales. En 1927, uno de esos fue el flautista Alberto Socarras, llamado el Duke Ellington cubano.

En mayo de 1930, en Camden, la Orquesta de Don Azpiazu, con el cantante Antonio Machín, graba El manisero, iniciando el primer boom de la música latina y abriendo el camino a la industria musical de todo el continente.

Alberto Iznaga llegó en 1939 y tocó en varias orquestas hasta que fundó la Orquesta Siboney. En esa década se destacan Xavier Cugat, Miguelito Valdés, Desi Arnaz, Vicentico Valdés, Panchito Riset, que junto a Eliseo Grenet, pone de moda la conga.

El profesor Raúl Fernández, escribe en su libro Jazz Latino, que el latin jazz (cubano) es una combinación de dos tradiciones musicales: el jazz estadounidense y los timbres cubanos (y su toque caribeño). “Cuba aporta su complejo ritmático: la Habanera, el Son, la Rumba, la Guaracha, el Mambo, el Cha cha chá y la descarga. En la raíz del jazz y las músicas caribeñas se encuentra la savia africana”, afirma.

A partir de datos del especialista Luc Delannoy, en julio de 1940, Francisco Raúl Gutiérrez Grillo “Machito” entrena la orquesta, Los Afrocubanos, y luego de muchos ensayos, debuta el 3 de diciembre de 1940 en el Park Palace Ballroom, en la esquina de la calle 110 y la Quinta Avenida, en el Spanish Harlem.

Su repertorio lo conforman guarachas, sones y rumbas para reafirmar su apego a la tradición cubana.

El Palladium, meca de la música latina, utilizó los ritmos del Caribe, especialmente cubanos a través de Mario Bauzá y la banda de Machito.

La respuesta del público fue inmediata ante la explosión de la música latina en Nueva York, promovida por nosotros los cubanos, dijo Mario Bauzá al periodista Umberto Valverde de Cali.

Por otra vía es Miguelito Valdés, una de las grandes atracciones de Hollywood y Nueva York que ofrecía conciertos en salones con más de cuatro mil personas por noche.

En la noche de inauguración, Mario Bauzá invita al colosal Miguelito Valdés a interpretar canciones de moda, el éxito es tal que el propietario del club, Jack Harris, propone a Machito un contrato por duración indeterminada.

Tanta importancia alcanzó el proyecto cubano en los Estados Unidos, que hasta el mismísimo Frank Sinatra se hizo amigo de Machito, lo iba a escuchar al Club Brasil, en California y hasta cantaron juntos en la orquesta.

Marlon Brando descubrió los tambores y la música cubana en el Palladium. “Todos los miércoles por la noche había un concurso de mambo en el Palladium. Yo me sentía hipnotizado con todo aquello, aunque cada vez que tenía la posibilidad de elegir entre tocar los tambores o bailar, prefería tocar. El descubrimiento de la música cubana estuvo a punto de hacerme perder la cabeza,”, asegura la estrella del celuloide norteamericano.

Para que la historia se complete, el mito de las congas, el colosal músico Chano Pozo, arriba en 1947 a Nueva York. El percusionista cubano se une a Dizzy Gillespie, crean una alianza invencible.

Graban temas como Manteca, un clásico del latin jazz. Se presentan en el Town Hall y el Carnegie Hall.

Según informes de Max Salazar, durante 1958, los discos que más se vendieron en Nueva York fueron, entre muchos otros: Benny Moré, Fajardo y sus Estrellas, Rolando Laserie, y, por supuesto Tito Puente (con música prestada de Cuba).

El Benny visitó y triunfó en cinco ocasiones Nueva York.

En 1959 el pianista y compositor cubano José Curbelo se convirtió en el zar de la música cubana y latina, el empresario más poderoso de la música latina, al frente de la agencia musical Alpha Artists.

Curbelo contrató a las más importantes agrupaciones. Ninguna banda podía trabajar en las mejores plazas sin la aprobación de Curbelo: Tito Puente, Tito Rodríguez, Ray Barreto, Noro Morales, Vicentico Valdés, La Lupe, Charlie Palmieri, Orquesta Broadway, Machito, etc.

Después de 1959 la música cubana siguió alegrando la vida de la gran manzana de Nueva York, con la salsa surgida de la savia de Arsenio Rodríguez, pero esa es otra historia.

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