El cha cha chá cumplió 60 años

Rafael Lam (La Habana, Cuba)

El cha cha chá cumplió 60 años. Marca su inicio con la grabación del disco single La engañadora y Silver Stars, de la firma Panart, en marzo de 1953. A partir de entonces comenzó la llamada “fiebre del cha cha chá”, un baile sin igual que llegó a bailar “hasta la Reina Isabel”, como dice uno de sus temas.

¿Cuál es su verdadera historia? Ciertamente no nació de un día para el otro, fue un proceso de unos 15 años en el que intervinieron otros ritmos cubanos, el danzón fundido con el son.

Uno de los puntos de giro fue la creación por Orestes López de la composición Mambo (Danzón con el Son) en 1938. A partir de entonces comienza una saga del “Nuevo Ritmo”, que llamaron “Mambo”.

En ese rico proyecto cubano intervienen los hermanos Israel (Cachao) y Orestes López en la Orquesta Arcaño y sus Maravillas; la orquesta Melodías del 40, Ideal, Fajardo y sus Estrellas, Neno González y la América de Ninón Mondejar, donde era el director musical Enrique Jorrín, un verdadero genio de la música.

La América con Jorrín va experimentando con la manera de tocar, con el sonido protagónico del ritmo del güiro de Gustavo Tamayo, creador del rayado en el cha cha chá y los bailadores se movían con en el nuevo ritmo que se transmitían varias emisoras de radio y sociedades como Silver Stars y, por supuesto en los salones Amores de Verano de Prado y Neptuno.
Mondejar idea un danzón para cada uno de los clubes donde se presentaban y fueron ganándose el nombre de “La creadora del danzón cantado”. Desde luego, detrás de ese proyecto estaba Jorrín, apoyado por músicos de la talla de Félix Reina (violín), Gustavo Tamayo (güiro) y Antonio Sánchez Reyes “Musiquita” en el piano.

Una verdadera constelación de estrellas, muchas de ellas procedían de la gran Orquesta de Arcaño y sus Maravillas; pero ahora querían hacer algo más juvenil y novedoso. Estos músicos con mucho oficio e ingenio efectuaron una verdadera revolución musical, las grandes innovaciones en la música, a veces, son movimientos casi imperceptibles.

El cha cha chá que fue conformando Jorrín, junto a las estrellas de la América, consistía realmente en hacer un danzón cantado por sus integrantes. Se cantaba lo que estaba de moda, desde el chotis y los cuplés españoles hasta la sabrosura de los estribillos callejeros.

Las melodías eran construidas con pequeños motivos, por lo general con dos compases y pocos acordes sencillos, fácilmente bailables. Las improvisaciones acontecían al final con el papel hegemónico de la flauta sustituyendo a los solos de piano. Aquí está el secreto del cha cha chá.

Después de la América entraron en la escena la Orquesta Sensación y la Aragón que llevaron a la cúspide el cha cha chá, mezclando el nuevo ritmo con sabrosas células del son y el mambo moderno. Un cha cha chá magnificado.
¿Hasta dónde llegó el cha cha chá?

El cha cha chá, la eclosión de la música cubana a partir de 1953, llenó los bolsillos de los empresarios, Enrique Jorrín contaba que “cuando surgió el número de La engañadora la disquera Panart sufría una bancarrota y se hizo millonaria. Con mis aportes ellos se compraron una fábrica de discos, mis grabaciones se agotaban en las victrolas”.
Rolando Valdés asegura que con el cha cha chá, impulsado por Jorrín con la América, “desalojamos las grandes bandas de jazz band de los salones aristocráticos”.

“El cha cha chá varió el instrumental de las jazz band –adiciona Jorrín- . Las charangas para ese tiempo, solo tocaban en lugares de tercera, en la Playa de Marianao, o en fiestas de negros, y de la noche a la mañana, con el auge de La engañadora, se convirtieron en las preferidas.

El cha cha chá logró una durabilidad mundial y se convirtió en plantilla básica para el rock and roll de los 50 y 60 del siglo XX. De un tumbao de 1960, en un arreglo de René Touzet, sobre el cha cha chá de Rosendo Ruiz, Amarren al loco, se tomó esa plantilla básica, según me explicó el musicólogo estadounidense Ned Sublette.

La obra Louie Louie, es la más fehaciente muestra, asi como la versión de La bamba, de Richie Valens, Satisfaccion de Duke of Earl y muchas más.

Brigiette Bardot bailó un cha cha chá en su atrevida película Y Dios creó a la mujer. En el musical West side story, la pieza principal, María es un cha cha chá. El rey del mambo, Pérez Prado, grabó cha cha chá, Machito y sus Afrocubanos (reyes del latin jazz), Fajardo y sus Estrellas llevaron el cha cha chá a los grandes cabaret como el Montmartre de La Habana y el Waldorf Astoria, de New York.

“El cha cha chá es el rey –proclamaba el crítico musical John Wilson— ha inundado casi todos las fiestas y salones de baile del mundo y en especial de este país. Una cadena nacional de estudios de danza informa que es ahora el baile más popular entre sus estudiantes. San Cooke grabó Every body loves to cha cha chá (Todo el mundo baila el cha cha chá). El ritmo se ha colado hasta en el Grenwich Vilage de Nueva York. Para ganar popularidad muchas orquestas adaptaron nombres relacionados con la música cubana, el cha cha chá y La Habana”.

Jorrín con el cha cha chá (La engañadora, El túnel, Nada para ti, El alardoso) inspiró a otros compositores: Rosendo Rosell (Calculadora), Miguel Jorrín (Espíritu burlón, No te bañes en el malecón), Ramón Cabrera (Esperanza).

El entonces nuevo ritmo está celebrando ahora su aniversario 60, para muchos, aún no superado en éxito y gusto.

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