La Cenicienta Negra

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Como un cuento de hadas. De un barrio pobre de la ciudad de La Habana a un entierro de Reina en Nueva York. Celia Cruz hizo su último recorrido en la Tierra pasando por la Quinta Avenida en un coche fúnebre cubierto de flores tirado por caballos blancos. Banderas de Cuba, Ecuador, Puerto Rico, Perú, Colombia, Venezuela… Reina de todos, diosa del ritmo. La lloraron miles de personas en Miami y dos días después en la capital del Mundo congrego más gente en su entierro que personajes tan significativos en la historia de los Estados Unidos como Robert Kennedy o Judy Garland. Alegría en vida, alegría en muerte. En la funeraria Frank E.Campbell de la calle 81 esquina a Madison suena “Siempre viviré”. Más de sesenta mil personas pasan delante de su cadaver. Celia está como dormida; sus manos cruzadas sujetan un crucifijo que compró hace años en España. Con pelo rubio y un traje de seda y encajes brillantes, descansa en un ataud de bronce que permanece bajo una enorme bandera cubana. Muchos lloran, otros ríen y bailan. Todos la recuerdan… imposible olvidar.

El alcade de Nueva York, Michael Bloomberg, da el pésame a Pedro Knight durante el recorrido de la comitiva funebre antes de llegar a la Catedral de San Patricio, donde se desarrolló la ceremonia eucarística

Pasa el pueblo latino de Nueva York, pasa el alcalde Michael Bloomberg y pasan multitud de artistas: Jon Secada, José Luis Rodríguez “El Puma”, La India, Josá Alberto “el canario”, Cheo Feliciano, Marc Anthony, Lucrecia…

Pasa Johnny Pacheco y dice que los dos nombres más conocidos de la historia empiezan con las mismas letras: Celia Cruz y Coca-Cola. Se desbordan las previsiones y se corrigen con enorme rapidez guiones establecidos. El pueblo así lo quiere. Miles de personas quieren ver a la guarachera y, tal como dijo a sus allegados, quería un entierro con mucha gente. Asi fue. Las puertas de la funeraria vuelven a abrir para que más subditos la vean. Llega la hora. Es martes dia 22 de julio: un coche fúnebre cubierto de flores blancas -color preferido de Celia-, espera a las puertas. Sale a hombros y cientos de personas aplauden y gritan “azúcar”. En el cortejo fúnebre viaja en limousina negra su inseparable “cabecita de algodon”. Pedro Knight está muy triste, se le nota cansado y como en una nube. Son siete interminables días donde todo parece otro show de la cantante cubana. Multitudes, aplausos, alegría desbordada y contagiante. Así lo confirma Linda Becquer, hija de la hermana pequeña de Celia, que también forma parte de la comitiva junto al que fuera manager y asistente personal de la artista en los ultimos años, Omer Pardillo. Acompaña también a Pedro la estilista Ruth Sánchez, responsable de la imagen hasta el último momento.Hay más familiares y un grupo de cien personas que reúne en el hotel Meridien el empresario responsable de la carrera de Celia durante casi veinte años Ralph Mercado. La comitiva fúnebre alcanza al coche de caballos dos “cuadras” antes de llegar a la catedral católica más importante de los Estados Unidos, San Patricio. Se unen el alcalde de la Gran Ciudad y artistas de la talla de Rubén Blades, Willy Colon y Antonio Banderas, acompañado de su esposa Melanie. Una enorme tormenta descarga entonces sobre el midtown neoyorkino. Es el Cielo que se abre para que suba su espiritu. En el interior de la catedral esperan dos mil personas desde las doce del mediodía. Enormes medidas de seguridad rodean los accesos y en medio de una nube de paraguas, miles de “celiófilos” congregados en los alrededores intentan reconocer a los artistas que van entrando para asistir a una de las ceremonias religiosas más destacadas de los últimos años en Nueva York. Son las dos de la tarde y treinta sacerdotes estan listos para concelebran una misa en la que el Obispo Auxiliar Reverendo Josu Oriondo dice en la homilia en medio de numerosos aplausos “que descanse en paz nuestra Celia Cruz. Nuestra Celia de siempre” Cuando la cantante norteamericana Patti LaBelle interpreta el “Ave María”, suena un trueno ensordecedor y multitud de palomas blancas levantan el vuelo. Los asistentes lloran desconsolados cuando comienzan a darse cuenta de que no es un espectaculo.

Miles de perosnas pasaron por la Funeraria Campbell de Manhattan para despedir a la Reina

Es el entierro de Celia que se va… que se va yendo de la vida de cada uno de los que tuvieron oportunidad de conocer su amor, su eterna alegría, su contagiante humanidad. Para el cantico de salida sube muy emocionado al oratorio el joven cantante Victor Manuel. Finalmente consigue entonar a capella “La vida es un Carnaval”… “no hay que llorar, que la vida es un Carnaval y las penas se van cantando” entona la catedral, incluidos los sacerdotes. A la salida vuelve a lucir el Sol. ¿Que está pasando? Más aplausos, más gritos de “reina, reina” y “azucar”. El féretro de Celia toma rumbo de la última morada, el cementerio de Woodlawn, en el Bronx. Una caravana de limousinas de riguroso luto sorprende a Nueva York que, literalmente, hace “stop” para despedirla. Es la Corte que sigue a la Reina y que la acompaña a la ceremonia final en la que el locutor Paco Navarro vuelve a expresar el enorme respeto y amor que le profeso en vida el público y la prensa. La siempre extravagante Celia, con sus coloridas pelucas y trajes, sus zapatos de tacón imposible, al grito de “azúcar” con una potente voz que no tiene parangón… Sin duda la figura femenina más influyente en la historia de la Música Afro-Caribeña, la Cenicienta Negra.

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